jueves, 8 de octubre de 2015

Capítulo Seis

Su mente circulaba de un recuerdo a otro, la incesante cantidad de momentos en común con Alice no paraba de bombardear su cabeza, buenos o malos, ambos minaban su moral y rendían más su mente a las afiladas agujas de aquel reloj.
Tic. Tac. Tic. Tac.
Ya no sentía ni manos ni pies, las ataduras se habían encargado de ello, a medida que intentaba escapar, habían ido tensándolas cada vez más, si ésto seguía así acabaría perdiendo dichos miembros.
Al menos era así como La Agencia actuaba, si te mantenían vivo era porque aún tenían planes para ti y definitivamente eso era lo que más le asustaba en ése momento, tampoco hacían nada sin un motivo de peso ni un estudio previo y exhaustivo, razón por la que siempre se salen con la suya. Antes de contratar a alguien, buscaban su punto débil y la manera de exprimirlo para garantizar un rendimiento óptimo, ese pequeño detalle que Bruce había descubierto tarde, demasiado tarde.

Era demasiado tarde para él.
Era demasiado tarde para Levon.
Era demasiado tarde para Alice.
Era demasiado tarde para Rick.
Y definitivamente era demasiado tarde para Paul.

Ésto martilleaba su conciencia una y otra vez:
Se había condenado a sí mismo.
Había salvado a Levon sólo para que cayera de nuevo en las garras de alguien mayor que él, que pueda maltratarlo y manipularlo a su voluntad.
No había logrado salvar, o más bien proteger a su ser más querido, Alice.
Sus acciones habrán perjudicado gravemente a Rick, ya que por suerte o por desgracia, él fue quien le adiestró.
Y desde luego no había contribuido precisamente en la supervivencia de Paul, su muerte era tan culpa suya como la de Biana, posiblemente incluso más, pero en este caso era Alice quien lo culpaba de todo ¿porque no podía comprender sus razonamientos?
No podía creer que ésto la hubiera afectado tanto como para traicionarle ¿odiarle? Desde luego, pero ¿esto? ¿A esto se había reducido su relación?

La Agencia bien le había enseñado que no se dejara guiar por los impulsos, que temiera la lágrima, así como debía recordarse al terminar cada trabajo, la alerta permanente, que quedaba nublada por los sentimientos, pero pensándolo bien, eso ya daba igual, por ello, abrazó la lágrima, se entregó a ella y se dejó arropar por aquella sensación de liberación que no sentía desde hacía trece años atrás, el día que murió Biana, el día que mató a su padre y el día que conoció a Rick, La Sombra, él se mostró comprensivo en aquella temporada, era el único en La Agencia que le podía ver como una persona y no un autómata, un aprendiz y no un súbdito, un amigo y no un asesino. Él era su Hank Pym personal.
Todo esto hizo que su tristeza se tornará en ira, esta en impotencia y por último en una extraña sensación de templanza, la necesitaría para salir de allí.
Entonces se pudo apreciar un chasquido y la puerta se abrió lentamente, para dejar pasar a un hombre joven, uniformado cual gran hombre de negocios, aunque no fuera así, con una mirada penetrante (siempre usaba esas lentillas que hacían parecer sus ojos, unas candentes bolas de fuego) y una cabeza que resplandecía con la luz de la desnuda bombilla que colgaba sobre la cabeza de su prisionero.
-Pensé que no ibas a dejar de lloriquear en todo el día, te has vuelto una auténtica deshonra para nuestro amado país ¿Dónde ha quedado el asesino meticuloso que mataba a sangre fría sin cuestionar si era lícito?
-Espectro murió hace años.
-Que lástima, Espectro garantizaba la supervivencia de Bruce.
-¡Ya no le necesito!
-Sabes que si no fuera por tus chapuceros trabajos no estarías aquí, atado en una silla, ridículo. ¿Desde cuándo nos involucramos hasta el punto de adoptar un maldito crío?
-Desde el momento en el que empezamos a tener escrúpulos y trabajamos para realmente salvar a la gente.
-Tampoco nos viene tan mal ésa decisión tuya, servirá para suplir tu más que dolorosa pérdida, lo iniciaremos a él una vez hayas desaparecido.
Bruce apretó los puños en la medida en la que sus agarrotadas manos pudieron.
-Sabes que sin éstas cuerdas, te mataría con mis propias manos, Dragón.
-Llevo más años que tú en éste trabajo, Espectro, no serías capaz ni de acercarte.
-¡Ya no soy Espectro, maldito cabrón, ¿o es que no te enteras?!
-Pues el que ya no es Espectro hizo un trabajo bastante exitoso con el pederasta de Broad Street-Afirmó mientras le dejaba un periódico en el regazo.
"Detenido Nick Hogan por el brutal asesinato de Vincent Batteux el pasado lunes, al parecer se encontró ADN del empresario en la escena del crimen." Fue lo que le dio tiempo a leer antes de que su captor le arrebatara de nuevo el periódico.
-Me gustaría informarte de que Nick fue quien realmente raptó a tu querido compañero de piso para luego venderlo al mejor postor, en éste caso el difunto Vincent.
-Y sospecho que se colgará en su celda ¿no?
-Veo que aún lo recuerdas bien.
-Cosa que lamento enormemente.
-Dime que nunca has disfrutado haciendo justicia-Agregó con una sonrisa maliciosa.
Ante ésto Bruce bajó la cabeza para coger aire y exclamar, con los ojos húmedos:
-¡Eso no es justicia!
-Lo es cuando somos los únicos capaces de impartirla, sólo estamos purgando los Estados Unidos de América-Dijo con una mano en el pecho.
-¿También estáis impartiendola conmigo?
-Desde luego, eres el causante de decenas si no de centenares de muertes, estamos sacando de circulación a un asesino en serie, realmente somos unos buenos samaritanos ¿no crees?
-Me estás dando motivos para escaparme, aunque sólo sea para partirte esa cara de gilipollas.
-Entonces lo mejor será dejarte otra vez sólo, con tu amigo el reloj, ya sabes Tic Tac Tic Tac..
-Te juro que cuando me escape acabaré contigo.
-Ya se verá, Bruce, ya se verá- Se jactó mientras cerraba de nuevo la puerta a sus espaldas.
Otra vez en la habitación desierta, donde había torturado a tantos criminales y ahora iba a ser él, el juzgado y torturado.
Tenía que salir de allí y salvar a Levon, tenía que escapar para matar a ese maldito calvo y debía hacerlo antes de volverse loco.
Se escuchó una carcajada socarrona a su espalda.
-Antes de volverte loco dice, Bruce, no eres precisamente la persona más cuerda que conozco.
Un escalofrío le recorrió toda la espalda, reconocía esa voz y su presencia allí no auguraba nada bueno.
-¿No te alegras de verme, Bruce? Aah, es verdad, que llevas años evitándome. -Seguido por otra carcajada aún más aguda.
-No, no, no, no, no, tú te fuiste, logré echarte, no puedes haber vuel...
-¡Bruce! Me necesitas más que nunca. -Interrumpió.
El interlocutor se situó justo delante de Bruce con los brazos alzados, ese traje negro, esos guantes de cuero, esa máscara blanca, esas cuencas vacías, esa melena rubia y esa lágrima, esa maldita lágrima, hacía mucho que no se veían cara a cara.
-Espectro.-Enunció Bruce destilando una rabia inconcebible en cada letra.
-Ése soy yo, últimamente andas con la guardia muy baja. Eeh Bruce, no me ha costado mucho tomar el control estos últimos días.
-Fuiste tú el monstruo de Broad Street ¿verdad?
-¿No lo recuerdas? Oh vaya, pensé que nos lo habíamos pasado bien juntos, ya sabes, como antaño, que decepción.Al menos le di una muerte digna ¿No crees?
-Todo esto es culpa tuya.
-Esto no tiene nada que ver con el pederasta, de hecho, Ryan ha halagado mi trabajo, esto puede tener más que ver con el martes.
-Dos trabajos en una noche, sabía que no debería haber ido hasta allí, era tan evidente...
-¡La coloqué yo!-Exclamó excitado-Bueno.....tú, o yo ¿Quién sabe? Desde luego, nosotros no.
-Serás hijo de perra.
-Podría decirse que somos hijos de la misma madre, así que cuidado con lo que dices, Bruce.
-¡Cállate, aquel niño perdió a su familia por tu culpa!
-Yo sólo te ayude a creer que La Agencia podía tener una razón de peso para matarlos y como retribución, me ayudaste a salir de nuevo para poder matarlos.
-¿Eran inocentes?
-No, no, tranquilo, eran unos maltratadores y unos sádicos, pero bueno, son tan inocentes como tú, la única pega es que no beneficiaba a La Agencia, los has comprometido sin que ellos tan siquiera consiguieran una misera contribución a cambio, por eso estamos aquí y por eso has necesitado despertarme.
-Eres un jodido manipulador.
-Y a mucha honra, hice lo que necesitaba para sobrevivir, sólo alimentándome de tus pequeños descuidos y tus momentos de debilidad, saboreándolos al máximo.
Bruce ya no podía reprimir su rabia, le ardía la cabeza, bullía. Necesitaba volver a encerrar a Espectro, esta vez para siempre.
-Bueno, te dejo, tenemos compañía.
La vista se le empezó a oscurecer y volvió a la realidad.
Sólo le costó unos segundos situarse, estaba en los asientos traseros de un coche bastante espacioso, que se movía por la carrera a una velocidad vertiginosa, pero hay que reconocer que impecable.
Desde ésa perspectiva no podía ver al conductor, sin embargo vio a una mujer encaramada a la ventanilla del asiento del copiloto disparando con un pequeño subfusil.
-¡Alice!
-¿Ya te has despertado? Nos sería útil una pequeña ayudita.-La voz venía del asiento del conductor.
Él conocía esa voz, pero no podía ser.
¿Lo habían sacado de la Agencia? Su hermana Alice, a la que consideraba una traidora y su mejor (o único) amigo y mentor Rick, no tenía sentido alguno, ni si quiera se conocían. ¿Y desde cuándo sabía Alice disparar?
-¡Espabila ya! ¡Pilla tu arma y dispara!-Inconfundiblemente era la voz de Alice.
Bruce sacudió la cabeza, ya habría tiempo después para explicaciones, se incorporó, cogió su pistola y se encaramó a la ventanilla para apuntar a los coches que les perseguían.



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