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miércoles, 7 de octubre de 2015

Capítulo Cinco

-¡Alice!-gritó Bruce desquiciado.
Entonces una puerta se abrió. Aquella mujer que él seguía viendo como a una niña se plantó delante suya. Algo tan simple como gritar le había dejado sin fuerzas, un error más entre tantos. Sintió un pinchazo en el cuello la vista se le empezó a nublar.
-Primera regla, hermanito: nunca te dejes llevar por los impulsos. Si quieres que te saque de aquí guarda silencio.
El cerebro de Bruce perdió contacto por completo con sus músculos, parecía desinflarse por momentos. Los ojos se le cerraban inevitablemente pero aun así pudo ver aparecer una luz cegadora y oír un grito.
-¡Traidora asquerosa!
El mundo se fundió con el ruido ensordecedor de un fuego cruzado y un duro golpe contra el suelo.

…………………………………………………………

-Alice, escóndete.- susurró Bruce en el lugar más obvio del mundo, la parte inferior de una cama.
-¿Quién es ese hombre? ¿Dónde está papá?- aquella niña no paraba de hacer preguntas como esa.
-Escóndete e ire a por papá ¿de acuerdo?
-¿Me lo prometes?
-Claro que sí, enana.
No podía creerse que una hora antes estuviera con Biana. Juntando sus labios a los de ella, mientras el pelo de la nuca se le erizaba y en su mente se reproducía la frase que su boca no podía decir porque estaba demasiado ocupada: “Te amo”; sin más preocupación que la de que nada pusiera fin a ese momento…pero tuvo que sonar su móvil.
-¿Quién es?-preguntó Biana.
-Mi hermana.-contestó sorprendido.- Tengo que contestar, no me llama salvo casos de emergencia.
Le dio otro beso y descolgó.
-Bruce, ha llegado un señor a casa y ha empezado a romperlo todo, papá me ha metido en su habitación.
-¿Qué? Ya voy, enana. No te muevas.
Y salió corriendo con la voz de Biana a sus espaldas:
-¡Iré a verte luego!
Volviendo al presente unos ojos exactamente iguales a los suyos le miraban atemorizados; la mirada de miedo de Alice.
Bajó las escaleras sin hacer el menor ruido y con el corazón a punto de salir por su boca. Llegando a la planta de abajo vio todo destrozado, igual que cuando había llegado, pero esta vez el lugar no estaba vacío. Un hombre se hallaba de espaldas a él, apuntando con un arma a su padre, que estaba de rodillas. El miedo hizo retroceder a Bruce, pero pisó un cristal roto y alertó al intruso.
Instintivamente, el adolescente cogió el cristal y se lanzó contra su oponente, clavándoselo en la cara y arrebatándole el arma. Pero una máscara amortiguó el golpe. Bruce fue a socorrer a su padre sin haber noqueado al tipo de la máscara, pensando que podían escapar. Llegaron al jardín… y allí estaba Biana. El padre de Bruce dio dos zancadas hacia ella y la cogió por el cuello volviéndose hacia el enmascarado.
-¿Qué vas a hacer? ¿La vas a matar como hiciste con tu mujer?
Bruce deseaba no haber oído bien. Hacía una semana que su madre había sido asesinada y él había defendido a su padre a capa y espada convencido de su inocencia.
-Papa…-murmuró.-¿fuiste tú?
-No te acerques, Bruce.-advirtió su padre sacando un puñal. Pero él no lo veía, solo veía al cabrón que le había dejado huérfano, y que podía matarlo a él y a su hermana.
-¡HIJO DE PUTA¡-gritó abalanzándose sobre él, pero en su trayectoria chocó el cuerpo inerte de Biana, con una herida abierta en el cuello.
Todo era un caos. Aquello no podía estar sucediendo. Su padre era un asesino. Ese hombre… ¡Ese hombre que intentaba escapar! No, no podía. Cogió el arma del hombre de la máscara y disparó.
El cuerpo de aquel asesino calló al suelo desplomado. Bruce solo lloraba y temblaba. Algo que a cualquier chico de 17 años le costaría mostrar, pero no en una situación así. Miró a Biana, parecía dormir en sus brazos, igual que dos días atrás.
-Eres demasiado impulsivo.-dijo una voz a su espalda.
Bruce se dio la vuelta y apuntó con el arma al hombre de la máscara, al cual levantó los brazos en son de paz.
-¡No se acerque!
-¿Y cómo quieres que te ayude si no?
Aquel varón se fue acercando lentamente a él hasta quitarle el arma de las manos.
-Te ayudaré, chico.
-¿Mi hermana pequeña está arriba?
-También la ayudaré a ella. Siento mucho todo lo que te ha pasado. Pero tienes que aprender a neutralizar tus emociones. ¿De acuerdo?
-¿Cómo quiere que lo haga? ¡Ese ser matado a mi madre y a mi novia!
-Llévalas dentro. Hónralas. Ven conmigo y te enseñaré como.
-¿Tengo alternativa?
-Me temo que en realidad no.
Entonces se acercó al cuerpo de su padre, y con la sangre escribió en el suelo: Fear the Tear.
Bruce se dio la vuelta para entrar a la casa y buscar a su hermana, pero ella ya estaba allí, presenciando horrorizada la escena.